Marcial Maciel: un paso para delante contra la homofobia, y tres pa´tras

Por: Christian Pastor Cruz

 

Hay tres elementos principales que componen la homofobia.

Uno, es una necesidad evolutiva válida: es duro para cualquier padre o madre que su hijo sea homosexual, por la simple razón de que eso disminuye sus posibilidades de convertirse en abuelo o abuela, un deseo que los mamíferos tenemos invariablemente, a veces muy escondido, pero siempre latente.

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Dos, el prejuicio: la atribución de características extras al individuo homosexual. Las razones religiosas entran aquí. Lo que hace a un homosexual… homosexual, es tener sexo con otros miembros de su mismo género. Sin embargo, el prejuicioso tiende atribuirle otra serie de características, como si fueran inherentes a la homosexualidad: perversión, maldad, pactos con el diablo, entre otros.

El tercero es en realidad un caso especial del segundo y el primero, pero merece mención aparte, éste tiene que ver cuando a una persona homosexual se le atribuye la capacidad de “convertir” a otras en homosexuales, a los “machos” que les han hecho victimas de sus burlas, a los hijos de esos “machos”.

José salió del closet alrededor 1999, parecía seguro hacer eso en la Ciudad de México en aquellos tiempos, pues el gobierno progresista se enfilaba a una reelección segura y no existían más que casos aislados de violencia homofóbica, además, los artistas de moda eran abiertamente homosexuales, o se rumoraba que lo eran, sin que eso afectara su popularidad.


Especial
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Entonces llegó Maciel. Por segunda vez. El caso había comenzado en 1997 pero logró tranquilizarlo con su poder político, no obstante esta vez no pudo y, en consecuencia, cambió la percepción de todos. De la noche a la mañana ser sacerdote homosexual era sinónimo de violador y pederasta en la opinión pública. Pronto la idea se hizo extensiva a todas y todos los católicos que (como José) tenían alguna relación con la iglesia y, de pronto, un hombre acostumbrado a jugar con sus sobrinos vio a sus seres queridos negarle hasta el saludo.

Entonces, 17 años después cuando se convocó a un concurso de cuentos sobre curas, llegaron 152 colaboraciones y solo una no tuvo como antagonista un párroco violador y pederasta. Muchos activistas de los derechos homosexuales tienen ese prejuicio y es momento de preguntarnos ¿está en línea con sus objetivos?

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