Un paseo por La calle de la amargura

Por: Adriana Hernández Islas

 

El primero de julio de 2009 México despertó con una noticia que seguramente muchos recordarán; en un hotel de la delegación Cuauhtémoc, dos luchadores profesionales, La Parkita y Espectrito Jr, murieron a manos de dos trabajadoras sexuales. Años más tarde, como un retrato anecdótico, el cineasta mexicano Arturo Ripstein retomó esta nota roja que invadió los medios por semanas para crear una historia al margen de toda norma social.

Discípulo de Luis Buñuel, Ripstein, quien ha sido galardonado con diversos premios de talla internacional como el León de Oro, utiliza las técnicas aprendizas de su maestro para introducirnos, a través de imágenes en blanco y negro, en una serie de incursiones surrealistas que nos cuentan una historia que bien puede seducir o irritar a cualquiera.  Y es que pasar por La calle de la amargura es dar una vuelta por un mundo sombrío de seres humanos indefensos ante una evidente decadencia, entes al borde del abismo de una existencia que eligieron o que, quizá, el destino escogió por ellos. 

Como un cuchillo de fina hoja, la obra de Ripstein lacera la irrealidad a la que muchas veces estamos acostumbrados, dejando al descubierto el sórdido submundo en el que convergen la corrupción, el abandono social, la trata de personas, la miseria humana, y muchos otros temas de los cuales parece estar prohibido hablar. Una obra que cuenta la historia de dos “luchas” una en el ring y otra, incluso más ruda, en donde perder significa perder la batalla por la vida, la de las calles.

Así es que, a menos que tengas algo mejor que hacer, te invito a que no te pierdas la oportunidad de ver esta cinta que además de cautivar tu atención, te dejará reflexionando sobre tu propia lucha por la supervivencia cotidiana en ésta, aquella o cualquier otra jungla de animales pensantes. 

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