Hidalgo y el aborto

Por Carlos Adrián López Ibarra

 

La interrupción del embarazo es percibida de diferente manera dependiendo de la situación geográfica, tiempo y condiciones en las que se realiza. Por ejemplo, es bien sabido que las monjas de múltiples conventos para no ser castigadas por la iglesia y la sociedad, cuando estaban embarazadas practicaban una serie de eventos para terminar con la vida que en ellas crecía. Hoy en día, la situación jurídica de este acto es diferente y polémica. Existen personas que consideran que es un acto inmoral atentar contra cualquier forma de vida, mientras que otras consideran que es justo que una mujer pueda decidir sobre su cuerpo, su sexualidad, su maternidad y por supuesto sobre su vida. En ese sentido, las sociedades del mundo, e incluso las de México no se ponen de acuerdo respecto a la perspectiva legal del aborto. En el caso particular de Hidalgo existen cuatro causales que permiten que legalmente una mujer pueda abortar sin que exista alguna repercusión legal en su contra; las cuales son: primero, por violación. Si una mujer fue víctima de agresión sexual, tiene derecho de decidir si desea tener o no el producto. Segundo: Inviabilidad del producto; es decir que si el embrión llega a presentar signos de tener un problema genético grave, la mujer puede decidir si quiere abortar. Tercero: Que el embarazo ponga en riesgo la vida de la madre. Y cuarto: que el aborto se presente como un accidente involuntario. Ésta es la normatividad que permite realizar un aborto en territorio hidalguense. Es agradable saber que en Hidalgo hay una mayor amplitud jurídica que en otros estados, sin embargo, habría que considerar si dichas leyes son las más adecuadas para la población o dejan espacios para que existan situaciones que pudieran vulnerar los derechos de las hidalguenses.

¿Realmente es correcto suponer que una mujer no debe decidir sobre sí misma y sobre su cuerpo? 

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