La historia que nadie quiere contar. Testimonios de un aborto (parte 1)

LOS SIGUIENTES TESTIMONIOS FUERON RECABADOS DEL BLOG "HISTORIAS DE ABORTO" Y SON TOTALMENTE ANÓNIMOS.

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Pensaba que todos en la calle lo sabían

 

Como todos los adolescentes del mundo, llegó un momento en el que ciertas cosas me empezaron a parecer más inquietantes, cosas que nunca antes me habían llamado la atención al grado de ni siquiera haber notado su existencia: era mi sexualidad. Mi manera de ver a los niños, a las otras niñas e incluso a los adultos, cambiaba, me sentía cada vez más consciente de mí misma y de lo que pasaba en mi cuerpo.

Sinceramente mis primeras relaciones sexuales fueron con mucho miedo, con inquietud; escuchaba tantas amenazas sobre el sexo “te vas a embarazar”, “te vas a enfermar”, “te vas a quedar enana” un sinfín de cosas que la falta de experiencia me hicieron creer a tal grado que temí incluso por mi vida. Sobra decir que al paso de los años creo que esta manera de introducirme a lo que significaba el sexo fue algo incorrecta.

El tiempo y las experiencias pasaron, me fui dando cuenta de que en realidad no pasaba nada, que si lo hacía con precaución, las cosas salían bien, así que fui tomando más y más y más confianza hasta que llegó un día que dejé de cuidarme porque pensaba que el tener una pareja estable era protección sexual suficiente.

Como era de esperarse, a temprana edad me embaracé, apenas habiendo terminado la preparatoria y yo estaba más que aterrada. Mi pareja era más grande que yo, por lo que llegó a insistir que lo tuviéramos, a lo que siempre me negué rotundamente, pues yo ya tenía un futuro planeado para mí y para un hipotético hijo y ese era que después de desarrollarme académica y profesionalmente, ya que pudiera darle todo lo necesario, iba a tener un hijo.

El aborto en el DF no era legal, así que tuvimos que buscar un médico que lo hiciera sin “acusarnos”, lo que obviamente nos salió bastante caro.

Realizamos el aborto y me espanté al sentirme aliviada. Desperté en un cuarto de hospital con una sensación extraña en el vientre, pero no era mala, era tranquilizadora. Salimos juntos del lugar y por la carga moral que representaba lo que acababa de hacer, veía en cada peatón un juez, en cada uno de ellos a un acusador que veía la sangre entre mis piernas, que si pudieran me recluirían.

Pero nada de eso pasó, a veces me imaginaba lo que habría sido tener a mi bebé, pero nunca pensé que habría sido algo bueno porque no tenía la paciencia ni el tiempo de cuidarlo, hoy espero algún día poder darle a un hijo todo lo que yo quiera darle.


Lo hice por miedo

 

La verdad no sé ni cómo empezar, han pasado dos años desde que cometí el peor error de mi vida… Todo empezó cuando poco antes de tener mi retraso, mi novio me decía que él sentía que estaba embarazada yo la verdad sentía diferente mi cuerpo pero al no tener retraso ni síntomas simplemente le contestaba que nada que ver, a la semana presenté mi retraso, pero yo se lo atribuí a que estaba sometida a mucho estrés, me estaba llevando muy mal con mi mamá y una hermana, tanto así que me corrieron de la casa y empece a vivir temporalmente en casa de mi otra hermana, estaba teniendo problemas en la escuela, en fin estaba mal, por eso no le dí importancia.

A las dos semanas de retraso, ya nuevamente en casa de mi madre, empece con síntomas y decidimos que me hiciera una prueba casera, la cual obviamente dio positivo, ambos nos asustamos horrible él pregunto que cómo era posible mi embarazo si se supone que nos estábamos cuidando con las pastillas, y fue cuando yo le confesé que dejé de tomármelas porque me hacían sentir fatal, y se enojó y me reclamó que porque no le dije que ya no las estaba tomando para cuidarnos con otro método, a lo que le contesté que la verdad no pensaba que tuviera mucha importancia porque las dejé de tomar como entre el día 15 al 20, y simplemente se enfado muchísimo y me dijo que la verdad el no quería ser papá, ni esposo en ese momento que lo único que quería ser era novio y que tampoco quería renunciar a su carrera, a sus sueños, cuando me dijo que no quería ser papá sentí como si me hubiera arrancado el corazón me dolió y me siguen doliendo esas palabras que están grabadas en mi memoria como si hubieran sido pronunciadas el día de ayer.

Me preguntó si yo quería renunciar a mi carrera, a mis sueños; cosa que le dije que no lo quería hacer, pero que con todo un bebé podía seguir estudiando, pero el me dijo que con bebé las cosas iban a salir mal, ninguno de los dos iba a terminar su carrera que hasta lo más probable era que mi familia no nos apoyar ah! y que no me dejaría seguir estudiando, cosa que iba a pasar por como me habían estado tratando últimamente.

Decidimos buscar en Internet un lugar donde comprar unas pastillas para abortar, y ese tipo de páginas abundan en Internet, diciéndote las dosis, las cosas que te van a pasar; como el sangrado, el dolor y otras cosas, lo que no te dicen son los efectos secundarios a largo plazo. Pero no encontrábamos un proveedor que nos contactara y nos confirmara así que pasaron dos semanas más, semanas en las que todas las noches acariciaba mi vientre y le hablaba a mi bebé, le decía que lo quería mucho pero que estaba asustada; asustada y sola, porque ni su Papá ni mi familia nos iba a apoyar, pero que lo amaba y de hecho me entendía a la perfección porque cuando hablaba de su papa sentía como calor, como si él lo amara más que a mí, y de hecho cuando discutíamos o él se tenía que ir a su casa siempre me daban calambres y sólo se me quitaban cuando mi novio ponía su mano en mi vientre y el bebé sentía el calor de su padre. Era algo increíble, y más porque ambos sabíamos que mi novio no quería ser padre.

El día que llegaron las pastillas y que acordamos que lo haríamos en mi casa y que él sería quien introduciría las pastillas, me sentí fatal con ganas de retractarme, pero tenía miedo de perderlo a él también, que era la única persona que me había apoyado cuando me corrieron de mi casa y en todos los problemas de mi familia; y sentí que era más fácil deshacerse de alguien que no se puede defender ni decir nada, a perder lo a él. Así que decidí continuar según lo planeado rogando porque no sirvieran las pastillas y no le pasara nada a mi bebé, durante el transcurso de la noche pasó lo que tenía que pasar, empecé a sangrar y continué sangrando durante 15 días hasta que me tuvo que llevar mi papá a urgencias por el sangrado excesivo y sucedió lo que más temía, mi familia se enteró… Me regañaron, me reclamaron que porque no les dije, que porque no pedí su ayuda, su apoyo.

Pasaron dos meses y al principio no me remordía la consciencia, ni lloraba, pero desde el tercer mes y hasta la fecha lloro por mi bebé, lloro por lo cobarde, le suplico perdón, pero de nada sirve, porque él no esta aquí.

Cuento mi historia para que las mujeres y niñas que estén embarazadas busquen apoyo y no se sometan a este horrible sufrimiento en donde algunas ocasiones la muerte parece ser la única salida al dolor de saber que haz matado a tu propio hijo…


No me enorgullezco, pero tampoco me arrepiento

 

Estaba a punto de terminar el cole, el semestre era pesado y tenía varias noches con insomnio, durmiendo sólo dos o tres horas al día por el estrés de los finales y los trabajos de fin de curso. Un día, saliendo del cole mi pareja me invitó a beber para relajarme y me relajé de más; pasamos un momento maravilloso, era lo que necesitaba, nunca quise usar anticonceptivos hormonales, sólo el de barrera porque todos decían que el condón te protegía casi contra todo.

Un mes después, en la semana de finales, me sentía fatal: ojeras, cansancio, palidez, falta de apetito y cuando comía algo, lo devolvía inmediatamente, mi humor estaba peor que nunca y me sentía al borde del llanto o de la ira en todo momento. Todos, hasta mi madre, creímos que era normal por el estrés que vivía, estaba tan concentrada en mis estudios que no me dí cuenta de que mi menstruación no llegó.

El siguiente mes fue peor, las admisiones a la universidad nos tenían a todos con los pelos de punta porque no sabíamos si quedaríamos en la carrera que queríamos, yo me fui a medicina, la más demandada y difícil de entrar. Tampoco me dí cuenta de que mi periodo volvió a brillar por su ausencia, nadie lo notó, pero sí me veían más delgada, más ojerosa y más enojada. Mi novio y yo tuvimos una gran pelea por esos días y decidimos terminar.

Así que, cuando finalmente vi mi nombre en el periódico (mi anécdota es previa a los procesos de admisión “online”), me relajé, volví a dormir bien y como de película: desperté a la mitad de la noche dándome cuenta de que no me había bajado… ¡Estaba embarazada! y sin novio, para acabarla de amolar.

Yo no quería tener un bebé en ese momento, estaba a punto de iniciar mi sueño de ser doctora y mi novio me había mandado al diablo. En ese entonces era muy difícil abortar y el Internet no era lo que es hoy, buscar en un lugar público era peligroso, desde la casa era peor y no tenía amigas a quien contarle, sólo a mi ex pareja, así que lo busqué y le conté lo que pasaba.

Él habló conmigo y me dio las opciones de darlo en adopción, de casarnos y formar una infeliz pareja pero al final decidimos buscar una clínica, antes de que llegara a los tres meses. Encontramos un lugar donde me trataron mal, me tacharon de asesina y me mandaron con una psicológa para que me siguiera haciendo sentir mal, pero no cambiaron mi decisión; el médico fue diferente, se portó bien conmigo, no me lastimó (mucho) y me explicó muchas cosas que posteriormente aprendería en la carrera.

Haber abortado no me enorgullece, pero sí me abrió el camino para ayudar a otras mujeres que pasan y han pasado lo mismo que yo, a unas les va mucho peor. A 5 años de mi experiencia sigo sin arrepentirme ni tener hijos, me especializo en ginecología y en el apoyo a las mujeres que buscan una interrupción legal, segura y sin maltrato.


Dos hijos y un aborto

 

Suelo contar mi aborto como si fuera un hijo más, no se si sea lo mejor pero se que lo hago y me hace sentir que también fue parte importante de mi vida. Siempre he pensado que a los hijos se les quiere desde que están en el papá; si no puedes ver en el hombre a un papá, creo yo que no es el indicado.

Tengo dos hijos, los amo y los amé desde que los vi en el padre, pero el tiempo pasó y las cosas cambiaron, el cambiaba mucho de trabajos y en una de esas encontró a alguien que tal vez sí era mejor que yo, tal vez solo era diferente, el caso es que el ya había cambiado tanto para ese entonces que cuando me dijo que me iba a dejar no me dolió tanto, vi en ese hombre que se alejaba a otra persona, no al papá de mis hijos.

Yo intenté seguir mi vida romántica sin apresurarla pero sin negarla hasta que un día me pasó algo terrible. Estando con un pretendiente que no me gustaba tanto, fuimos a su casa a tomar unas cervezas y un vino, me caía bien pero no era una persona con la que yo quisiera estar. Con el paso de los tragos el empezó a acercarse cada vez más, yo cometí el error de no detenerlo; no me forzó porque no me resistí, pero la verdad es que no quería, solo quería terminar con el asunto e irme a mi casa a dormir.

Cuando se quedó dormido me fui a mi casa y al otro día compré las pastillas del día siguiente, pero no me sirvieron, no se por qué, me las tomé menos de 24 horas después de lo sucedido. Yo no concebía la idea de tener un hijo así, con alguien que no te gusta después de una noche de solamente arrepentimiento así que fui por la pastilla para abortar.

Lo hice en casa, yo sola porque no quería que nadie se enterara, encargué a mis hijos y me las tomé. Me dolió, el sangrado me duró 12 días, me dijeron que mientras no fuera muy abundante podía ser normal. Esperé a que pasara y me hice una ecografía, ya no tenía nada.

A pesar de haber decidido no tener a ese bebé, siento que me enseñó mucho sobre mí misma, hoy en día lo cuento como otro embarazo como si hubiese sido a término; no me siento bien de haber abortado, pero me sentiría peor de haberlo tenido.


Me embaracé a los 14 años y no quería a mi hijo

 

Comencé mi vida sexual a los 14 años con el que entonces era mi novio. Los dos éramos tan inexpertos que no sabíamos bien lo que hacíamos, nos dejábamos llevar por el placer que sentíamos; cuando descubrimos el sexo lo hicimos hasta el cansancio o mejor dicho hasta que salí embarazada.

Los papás de ambos eran amigos desde muy jóvenes y nosotros éramos vecinos y amigos de la niñez, por lo que nadie imaginaba lo que hacíamos al encerrarnos en nuestros cuartos, ni siquiera nos molestaban pues desde pequeños jugábamos e incluso dormíamos juntos. Así que un día en la escuela tuve un problema: vomité en medio del salón de clases y me sentía y veía muy mal, así que la maestra me interrogó y llegó a la conclusión de que estaba embarazada.

¿Embarazada? ¿Yo? ¡Pero si ni siquiera quería limpiarle la nariz a mis hermanos pequeños! La escuela se encargó de contar a mi madre lo sucedido. Me abofeteó, me regañó y me dijo que no me apoyaría ni me cuidaría al niño, pero al hablar con el papá de mi amiguito (quien apenas se enteraba del embarazo) decidieron ayudarnos, apoyarnos a tener al niño.

Yo me negué, le dije a mi madre que no quería: lloré, supliqué, amenacé con matarme si me obligaban a tener a ese hijo y ella al verme tan decidida me ayudó. Fuimos a un hospital público donde me dieron un sermón peor que los que me dio mi madre, me dieron unas pastillas que me puse yo sola y fue todo. Sangré por muchos días, pero no me quejé ni una sola vez; decidí aprovechar la oportunidad que la vida y mi madre me daban y decidí estudiar y trabajar y ser alguien que algún día quisiera tener una familia y pudiera mantenerla.

Han pasado 7 años de eso, hoy mi amiguito se ha convertido en mi pareja y los dos seguimos estudiando, nos casaremos en un año y aunque aún no queremos tener hijos no nos arrepentimos de lo que pasó pues pudimos tener lo que deseábamos y algún día formaremos la familia que no pudimos formar hace tiempo.

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