Porqué el Frente Nacional por la Familia NO tiene la razón

Por: Magdy Elena

 

Cada día estamos más cerca de que el denominado Frente Nacional por la Familia (FNF) realice la marcha a la que ha convocado para el 10 y 24 de septiembre en contra del matrimonio igualitario, luego de la iniciativa presentada por el presidente Enrique Peña Nieto el 17 de mayo a favor de los derechos de la comunidad LGBTTI, esto como respuesta a algo que, según ellos, atenta contra el matrimonio y la familia “natural”.  Pero cuáles son los argumentos en los que se fundamenta esta organización –más religiosa que civil- para levantarse con tanto fervor en contra de una iniciativa que, además de ya existir en otros países, es parte fundamental para la construcción de un mundo más incluyente. 

En su página de Internet, el FNF explica cuáles son las razones que están motivando a este grupo de personas a protestar en contra de la reforma al artículo cuarto constitucional, sin embargo, dichos argumentos apuntan más a estar fundamentados en prejuicios  moralistas y creencias religiosas que estructurados a partir de teóricas comprobables donde predomine la razón, pues prácticamente solo giran en torno a dos razones: ir en contra del avance de los derechos de la comunidad LGBTTI en México y contra el supuesto material de la SEP en donde niños y niñas de preescolar “asumirían roles de género distintos a aquél con el que nacieron”.

Muestra de ello han sido los debates, charlas y entrevistas donde supuestos “especialistas” en contra de la iniciativa –quienes generalmente fueron educados en escuelas religiosas– han hablado del tema para exponer sus teorías, las cuales, además de tener sesgos religiosos, contribuyen a fomentar los prejuicios, incitan a la violencia y ponen en riesgo la estabilidad social, principalmente de las personas de la comunidad lésbico, gay, bisexual, transgénero, transexual e intersexual, ya que dichas ideas fundamentadas en la ignorancia pueden incentivar agresiones en contra de personas de la diversidad sexual con el supuesto de querer proteger a los niños o niñas.

Dicho grupo alega que educar a las y los niños en materia de diversidad sexual los presionará a adoptar la homosexualidad como un estilo de vida, acentuando la idea de que esto, de alguna forma, “convertirá” a los menores en algo que no son, hipótesis que durante muchos años ya ha sido estudiada y ha revelado que la homosexualidad no se “adquiere o elige” en el transcurso de la vida, sino que existe desde el nacimiento. Por otro lado, afirmar que el hecho de educar sobre diversidad sexual a los niños los incentivará a cambiar su preferencia al respecto, es como afirmar que educarlos sobre sexualidad los llevará a tener relaciones sexuales a temprana edad, ignorando que educar es un ejercicio para desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales de alguien, más no para imponer y mucho menos obligar, algo que este grupo de personas sí persigue al decir –y cito textual– “rechazamos, enérgica y categóricamente, este paquete de iniciativas autoritarias y exigimos al presidente Enrique Peña Nieto las retire”. 

Pero la cosa no termina ahí, el FNF afirma que de respetarse esta iniciativa traerá consigo consecuencias terribles, aseveración con la que, además de crear vídeos casi apocalípticos que buscan sembrar el miedo y desconfianza contra las personas homosexuales, a quienes poco les falta para compararlas con el mismo Demonio, buscan convencer a los padres de que sus hijos corren un grave peligro si la reforma es puesta en marcha, pues además de exponer a los menores a ser adoptados por personas del mismo sexo –que quién sabe qué cosas puedan hacerles– estarán expuestos a un mundo caótico donde reine el libertinaje y predominen los pedófilos, adjetivo que, por supuesto, también atribuyen a la comunidad LGBTTI. No obstante, parece que estas personas olvidan que, pese a que por siglos la homosexualidad ha sido mal vista y castigada como si se tratase de una enfermedad, esto en nada ha influido en los índices de abuso sexual infantil en el mundo, en donde México, hasta noviembre de 2014, ocupaba el primer lugar en abuso sexual, violencia física y homicidios de menores de 14 años, datos que además revelan que los principales agresores de estos niños y niñas son personas cercanas a ellas, como sus padres y madres que, por cierto, provienen de bonitas y bellas familias “naturales”.  

Es cierto que todos y todas podemos manifestarnos y exponer nuestra postura, a favor o en contra, de cualquier tema, pues además es parte de nuestros derechos constitucionales; sin embargo, no debemos perder de vista en qué terreno nos estamos moviendo y de qué forma nuestras acciones pueden dañar los derechos de los demás, pues precisamente con ese fin fue separada la Iglesia del Estado.

No permitamos que la intolerancia nos siga separando como país, sobre todo cuando atravesamos por problemas que realmente ponen en peligro nuestra estabilidad, como la inseguridad, la impunidad, la pobreza, y otros tantos. Respetemos y dejemos que cada quien viva como le plazca sin afectar a los demás, pero sobre todo, seamos libres de mente y de espíritu, pues les aseguro que permitir que dos personas, sin importar su sexo, se unan por amor o busquen dar cariño a niños que fueron abandonados por sus padres biológicos, es menor ofensivo para cualquier Dios que un grupo de personas fomentando odio contra quienes nada les han hecho.  

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