Masturbación femenina: de la condena a lo recomendable

Por Paola Farías

 

“Tendría entre catorce y quince años, fue como sin darme cuenta lo que era. Cuando me enteré, sentí vergüenza y me negaba a hacerlo aunque me gustaba. Secretamente lo volví a hacer y mi primera batalla fue contra mis propios sentimientos de estar haciendo algo malo, algo sucio. Lo más sorprendente es que en ese período me masturbaba mucho y como que fui encontrándole agrado a eso de masturbarme a pesar de sentir que era algo malo. Cuando estaba en cuarto medio, lo conversé con una prima mayor y ella se rió de mis temores, no le dije que lo hacía sólo hacía consultas, como si estuviera hablando de un tema tabú. Ella me explicó que era normal, estaba estudiando en la universidad psicología y gracias a ella sentí un gran alivio. Jamás se lo conté a mi mamá y mucho menos se me pasaría por la mente preguntarle a mi padre. Ahora no lo hago tan regularmente, pero cuando quiero no tengo problemas, es como mi placer íntimo, algo muy mío”, Carolina Albornoz (26 años).

La masturbación siempre ha sido una práctica tabú en nuestra cultura. Durante siglos fue considerada una práctica inmoral, pecaminosa, que abre el alma a las conductas lujuriosas y desatadas. Estas advertencias siempre fueron más graves hacia las mujeres. En los últimos siglos se le agregaba a la condena moral una condena de tipo científico: que causaba daños al órgano sexual que era estimulado, que provocaba ceguera, acné, trastornos psicológicos, predisposición a psicopatías, etc. Hoy en día los mitos se han ido disipando a la par de que la práctica se ha ido exponiendo como algo normal no sólo en hombres sino que también en mujeres. Ningún estudio serio ha demostrado que la masturbación implique riesgos para la salud, por el contrario, al practicarla solo se evitan contagios de enfermedades de transmisión sexual.

Entre los beneficios que reporta su práctica (y que no está circunscrita sólo a la adolescencia) se puede mencionar: Conocimiento de la propia anatomía y respuesta sexual, saber dónde se experimenta más placer y cómo, aumento de la satisfacción en la relación con la pareja, aumento de la desinhibición e incremento de la autoestima. Además de beneficios como la reducción de la tensión y del estrés, ayuda para conciliar el sueño, mejoría del dolor menstrual, tonificación de los músculos pélvicos, responsabilidad sobre las propias necesidades sexuales, actividad sexual durante toda la vida y finalmente mejoría de la anorgasmia y de la eyaculación precoz.

Ni personas solitarias, ni personas agresivas sexualmente, ni personas frustradas sexualmente; sólo personas que quieren tener placer por sí mismas, sin excluir el placer que implica el tener sexo con otra persona. La masturbación es considerada, hoy en día, algo normal tanto para hombres como para mujeres. Normal y necesaria.

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