DANDO DE QUÉ HABLAR

Cero positivo, día uno

Luis Bracho González  

 

 Hoy recibes la noticia de algo que yo recibí hace algunos años, y en esta carta te platico la manera para seguir vivo el tiempo que tú quieras, pues ese resultado no es una sentencia de muerte, sino simplemente una advertencia de un cambio de vida y te garantizo que es la mejor manera de vivirla; al saberlo el mundo se me cerró por completo y no pude encontrar algún artículo o revista que me explicara un poco de este nuevo habitante que ahora circula en mi sangre, por ello quiero contarte mi experiencia.Un resultado positivo no significa que tengas Sida y que la vida se termine en este momento; significa que tienes VIH (virus de inmunodeficiencia humano) y que a partir de ahora debes vivir de una forma que te permita permanecer en buenas condiciones físicas y mentales durante muchos años, pero eso solo depende de ti.

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El consolador, un amante en la mesa de noche

Carmen Márquez

 

 Si se pone uno a navegar por las distintas sex-shops que funcionan online puede descubrir, desde la intimidad de su habitación, la variadísima oferta de artículos eróticos que se han inventado hasta hoy. Y es que resulta complicadísimo elegir un modelo y descartar a los demás, sea cual sea el producto que andemos buscando. Esto pasa, sobre todo, en el caso de los consoladores, juguete erótico por excelencia con forma de miembro sexual masculino, para el que encontraremos una ilimitada gama de tamaños, formas, complementos, usos y hasta colores, texturas y sabores.

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Masturb-arte

Por: Dulce G Ramírez

 

En números anteriores de la revista llegamos a abordar el tema de la masturbación, compartimos mitos, tabúes, beneficios, en fin, todo un bagaje que abordaba la concepción sociocultural e histórica por la que ha pasado y continúa pasando este tema tan polémico.

En fin, según la página de Hesperian, health guides, en su tema sexualidad de la mujer con discapacidad, entre sus muchas alternativas del placer femenino menciona a la masturbación como una herramienta que te ayuda a entender más a tu cuerpo y las caricias que te producen placer, ayuda a fomentar la autoconfianza y explorar la sexualidad. Sin embargo, ya anteriormente en esta misma columna abordamos la problemática de que se concibe a las personas con discapacidad como “niños eternos” y esta concepción hace difícil llevar una vida lo más normal posible (si nos aferramos a que la normalidad existe y es posible).

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Diario de mis días en el teibol (parte 1)

Por: Anónimo por favor 

 

Que ahora la compra de “servicios sexuales” será penalizada en Francia, como ha venido sucediendo en otros países de la Unión Europea, primermundistas, de esos que siempre están a la vanguardia en ecología, tecnología y todo lo relacionado al progreso. Por eso me asombra ¿prohibición? esa me parece una medida más propia de la edad media que de la era con el mayor flujo de información en la historia.

 

No dudo de la buena voluntad de los legisladores y académicos que apoyaron esta ley, entre ellos seguro un montón de feministas, y esto me hizo pensar en la plática que tuve con una entrañable amiga investigadora y feminista, justo cuando le hablé de mi decisión de trabajar –otra vez- en el comercio sexual. Con la misma mirada serena y maternal con la que siempre recibe esas noticias que a otros les vuelan la cabeza, me dijo tranquilamente que cualquier cosa que decidiera hacer estaba bien, y luego de platicar largo y tendido de mis experiencias en mi primer fin de semana en el teibol, se confesó “feminista abstencionista” de las que opinan que la prostitución mantiene la dominación masculina, pero también me dijo que le había hecho replantearse su postura. Y es que ella lleva más de un año escuchando mis carencias y todas las penas que me provoca mi dificultad para hacerme de unos pesos con mis locos horarios.

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Masturbación femenina: de la condena a lo recomendable

Por Paola Farías

 

“Tendría entre catorce y quince años, fue como sin darme cuenta lo que era. Cuando me enteré, sentí vergüenza y me negaba a hacerlo aunque me gustaba. Secretamente lo volví a hacer y mi primera batalla fue contra mis propios sentimientos de estar haciendo algo malo, algo sucio. Lo más sorprendente es que en ese período me masturbaba mucho y como que fui encontrándole agrado a eso de masturbarme a pesar de sentir que era algo malo. Cuando estaba en cuarto medio, lo conversé con una prima mayor y ella se rió de mis temores, no le dije que lo hacía sólo hacía consultas, como si estuviera hablando de un tema tabú. Ella me explicó que era normal, estaba estudiando en la universidad psicología y gracias a ella sentí un gran alivio. Jamás se lo conté a mi mamá y mucho menos se me pasaría por la mente preguntarle a mi padre. Ahora no lo hago tan regularmente, pero cuando quiero no tengo problemas, es como mi placer íntimo, algo muy mío”, Carolina Albornoz (26 años).

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