La otra belleza

DULCE RAMÍREZ

 

Mientras viajaba en el transporte público veía una niña con una característica especial, un lunar en la mejilla izquierda que cubría desde arriba de su nariz hasta su boca, al verlo recordé a la bailarina canadiense Cassandra Naud de 22 años, quien también tiene un lunar casi de las mismas proporciones y de pequeña y adolescente sufrió acoso por ser diferente, incluso intentó convencer a sus padres para operarse, sin embargo con el paso del tiempo logró integrar su lunar como parte de ella misma, una marca de su individualidad.

Esa situación desencadenó una serie de pensamientos en torno a la siguiente premisa: “todos, absolutamente todos, tenemos imperfecciones físicas, mentales o actitudinales”, traje ante mí las propias características que en un primer momento me hicieron sentir incómoda y diferente a los demás: los lentes, la estatura, mis dientes, el acné… sin mencionar las características mentales y actitudinales que necesitan de un trabajo personal demasiado intenso para aceptarlas y moldearlas. Pero lo importante aquí no es hablar de las supuestas diferencias, sino encontrar las causas de lo que nos hace conscientes de estas, qué nos otorga el permiso de diferenciar, clasificar, discriminar o de sentirnos tan miserables en determinados momentos de la vida que deseamos cambiar a cualquier costa. Por un lado tenemos a los medios masivos de comunicación, quienes presentan un concepto de belleza en los que más de 90 por ciento de la población no encaja, pero por otro, y creo que es el más fuerte, está el hecho de la inclinación a ver antes los “defectos” en los otros y no en nosotros mismos. Y si no nos aceptamos difícilmente podremos aceptar a los demás.

Es en esta parte en donde tiene cabida el arte ya que puede ayudarnos en este proceso de autoconocimiento y nos da la oportunidad de romper esquemas prefabricados, Balam Rodrigo, escritor chiapaneco nos ofrece una idea de esto en su libro Braille para sordos, el cual reúne varios textos poéticos inspirados en las fotografías de Diane Arbus, quien se dedicaba a fotografiar a los raros, a los diferentes, a los “freaks”, cuando en sí el arte por lo general se ha encaminado a plasmar lo socialmente considerado como bello o estético. Balam lo dice de una forma más poética refiriéndose a Diane: “Ella lo sabía mejor que nadie. Sus fotos nos revelan que no existe la fealdad. Es otra la belleza…” Entonces es eso, es otro el concepto de belleza. Tenemos la tarea de trabajar personalmente en él. No vamos a encontrar ese otro concepto, que integre las diferencias, afuera; los medios de comunicación no nos los van a dar, el lenguaje tampoco. El lenguaje resulta ser una falacia cuando simplemente se le cambia de nombre a las cosas, discapacitados en vez de incapacitados, por ejemplo, no es la solución para las situaciones que viven las personas con discapacidad en el día a día, quizá sea el comienzo, pero solo enmascara las cosas, nos hace sentir que vivimos en una sociedad respetuosa e incluyente y nos da la calma necesaria para descansar a gusto por las noches, es lo equivalente a querer tapar el Sol con un dedo.

Por ello, te invito a estar más consciente de tus propias rarezas o diferencias y a partir de ellas construir algo que transforme los conceptos que tenemos acerca de las cosas, solo así podremos sentirnos más seguros y más libres de ser quienes somos. Logrando esto es como también podremos ejercer una sexualidad plena. Los mayas tenían una frase “…por el arte, por lo bello, Dios penetra al corazón del hombre y lo hace verdadero”. Vamos, convirtámonos en seres humanos verdaderos, la vida es muy corta como para pasarla en medio de la hipocresía y las mentiras que solo nos estancan y nos impiden evolucionar.


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